Ronald Ruf Wilkomirsky, gerente general de la Cámara de la Producción y del Comercio Biobío

Hoy nuestro servicio eléctrico es mucho más estable que hace algunos años, gracias a la puesta en marcha del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) que fusionó los Sistema Interconectado Central (SIC) y del Norte Grande (Sinc). Una medida beneficiosa en materia de generación, transmisión y distribución de energía, pero que ha tenido impactos en los usuarios. Entre ellos, los clientes libres o no regulados, que son aquellos que consumen electricidad directamente desde las generadoras.

Este grupo está compuesto principalmente por empresas cuya producción demanda un alto consumo eléctrico y que a raíz de la legislación tarifaria, han debido ajustar sus procesos a horarios en que la elaboración de sus productos no incremente significativamente los costos operacionales de estas compañías en Chile, con la consiguiente disminución de la productividad del sector.

A este periodo se le conoce como «Horario Punta», que también afecta a los consumidores domiciliarios y que consiste en que, entre los meses de abril y septiembre, de 18 a 23 horas, se aplica un recargo de entre el 15 y 20% en la facturación por uso de energía eléctrica, que para la industria es altamente oneroso.

Dada esta restricción, muchas empresas se ven en la necesidad de utilizar grupos de generación de respaldo (generalmente motores diésel con el efecto ambiental que conlleva); asumir el costo extra de consumir electricidad del sistema en ese horario, o detener completa o parcialmente sus operaciones para retomarlas luego de las 23.00 horas. Esta última medida trae consigo un impacto negativo importante en la calidad de vida de los colaboradores y sus familias.

En este contexto, 13 empresas de la zona, apoyadas por la Cámara de la Producción y del Comercio Biobío, elaboraron un diagnóstico sobre la realidad de la industria local y el impacto que tiene la Hora Punta en el medioambiente, la productividad y las personas.

Los datos recabados por este grupo industrial fueron entregados a la Comisión Nacional de Energía (CNE) y al seremi de la cartera, junto con propuestas que abordan las distintas aristas afectadas por este bloque horario, entre ellas, redefinir su periodo de aplicación. Esto porque los hábitos de consumo de electricidad han cambiado y las mayores demandas se producen en verano, por ejemplo por el uso masivo de aire acondicionado.

Hoy la tecnología y el conocimiento de nuestro sistema eléctrico han evolucionado y se debe promover una estabilidad en el suministro, sin que esto perjudique la calidad de vida de las personas ni la productividad y sustentabilidad de las empresas manufactureras de la Región del Biobío.

Columna publicada en Diario El Sur, el día 1 de julio de 2019