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Publicado el 5 noviembre, 2020 / Noticias / Prensa / 152 lecturas

GN en la industria permitiría reducir un 82% de las emisiones de material particulado

“El rol del gas natural en la transición energética: Chile 2020-2050” es el nombre del estudio realizado por Klaus Schmidt-Hebbel y Quiroz & Asociados, presentado para la Región del Biobío y el sur en un webinar organizado por la Asociación de Gas Natural (AGN) junto a la CPC Biobío. 

La investigación hecha por los reconocidos economistas entregó conclusiones en torno a medidas que van en línea con el proceso de descarbonización que enfrenta el país, pero sin comprometer la eficiencia y seguridad de la matriz energética. Según el estudio, “Chile puede lograr significativos avances en la reducción de sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI), adicionales a las ya logradas, con mínimo o incluso sin costo fiscal, aún antes que la tecnología de almacenamiento de energía alcance costos competitivos. La clave radica en el rol que el gas natural puede jugar en este proceso”. 

En esto coincide el ministro de Energía, Juan Carlos Jobet “El gas tiene que jugar un rol cada día más importante en el sector industrial y también en el residencial. Hay 2 millones de familias, entre las regiones de O’Higgins y Aysén, que viven en ciudades que tienen niveles de contaminación por MP 2,5 muy por sobre la norma y eso tiene efectos muy negativos en la salud. Entonces, el gas es una gran alternativa para poder reemplazar la leña, el desafío es cómo buscamos que sea más competitivo de lo que es hoy”.

Por su parte Schmidt-Hebbel enfatizó que “en los próximos 10 o 20 años Chile tiene la oportunidad de reducir sustancialmente sus emisiones a partir del reemplazo de combustibles altamente contaminantes como el carbón, el Fuel Oil N°6 y el diesel por gas natural. Lo anterior, a partir de tecnologías probadas y haciendo uso de una infraestructura que ya se encuentra desplegada. Nuestro estudio muestra que el impacto que esta sustitución puede tener en el cumplimiento de las metas de emisiones de Co2 puede ser muy relevante, representando hasta un 73% de las reducciones comprometidas al año 2030”.

En este contexto, la apuesta por el gas natural para el período de transición energética se fundamenta en las siguientes constataciones: 

  1. El gas natural emite un 50% menos CO2 que el carbón en la generación de electricidad, un 90% menos de óxidos de nitrógeno (NOx) que el diésel en transporte, un 99% menos de dióxido de azufre (SO2) que el Fuel Oil N°6 en el sector industrial y un 99,3% menos de material particulado (MP) que la leña en calefacción. 
  2. Existe una infraestructura desplegada a nivel nacional que permitiría aumentar la utilización de este energético sin mayores inversiones, con los beneficios ambientales asociados.
  3. Los precios internacionales observados consistentemente en el último tiempo indican que el gas natural es competitivo como fuente de generación de energía eléctrica, al menos en lo que a costo variable se refiere, y probablemente mejorará también su competitividad en otros usos.

“La reducción en los niveles de contaminación no es solo un imperativo medioambiental, sino que es una condición necesaria para seguir compitiendo en mercados y globales con consumidores cada vez más exigentes”, indicó Jorge Quiroz. 

El Presidente Ejecutivo de AGN, Carlos Cortés Simon, apuntó a cómo el GN propicia un escenario estable para la entrada de las Energías Renovables Variables (ERV) en el proceso de descarbonización. “En AGN estamos convencidos de que es posible obtener importantes beneficios sociales y económicos con un mayor uso del GN, especialmente en las regiones con crecientes problemas ambientales. Es el combustible que se impone para generar energía de base, muy necesaria para la seguridad y estabilidad de un sistema con creciente participación de ERV”, agregó.

“El cómo podemos contribuir conjuntamente al proceso de descontaminación de nuestras ciudades es un desafío que no se resuelve de un día a otro, pues requiere de procesos, de inversiones y por sobre todo de voluntades. Pero sabemos también que existe una preocupación y gran interés por desarrollar innovación y aplicar tecnología para hacernos más eficientes y competitivos en un mundo que cada vez incrementa las políticas de sustentabilidad para generar valor y respeto por las comunidades y sus ecosistemas”, dijo Ricardo Gouët, presidente CPC Biobío. 

Medidas propuestas y su relación con las principales ciudades del Sur

Al igual que como ocurre en la zona central, la zona centro sur -y la Región del Biobío en particular- cuenta con una amplia infraestructura de distribución de GN que, a partir de las interrupciones del GN Argentino en 2004, se encuentra sub-utilizada.  En 2019, el consumo medio diario alcanzó los 0,7 MM3/día cifra que representa un 23% de su máximo histórico en 2004 y menos de un 8% de la capacidad de transporte y distribución con que cuenta la región.  Hoy, la generación eléctrica del Biobío se realiza principalmente con carbón combustible que se esta en retirada.     

Sobre esto, el estudio concluye que las condiciones favorables de precio del mercado internacional, unida a la cercanía de Vaca Muerta en Argentina, generan un conjunto de oportunidades que pueden ser aprovechadas por la región al mismo tiempo que mejora la calidad de vida de sus habitantes. Además de lo anterior, la investigación estima que con un mayor uso del GN en el sector industrial las consecuencias en emisiones serían muy relevantes en comunas como Coronel y Concepción. 

Sobre esto último, el análisis realizado por Klaus Schmidt-Hebbel, Jorge Quiroz y Felipe Givovich, propone extender la normativa de emisiones de SO2 de la Región Metropolitana a todo el país. De esta manera se reduciría en un 60% sus emisiones y en un 23% las emisiones de CO2 de las calderas y hornos industriales. Esta medida no tendría costo fiscal. 

En vista de la necesaria descarbonización, el estudio también propone el reemplazo de carbón por gas natural en base a la capacidad de generación que se encuentra conectada al sistema. Este reemplazo permitiría reducir en un 50% las emisiones de CO2 por cada MWh de energía que genera el sistema. Con esta sustitución, el sector eléctrico en su conjunto contribuiría a resolver un 68% de la brecha que separa a Chile de la meta de emisión comprometida al año 2030.